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viernes, febrero 26, 2021
Generales

Obediencia no es sumisión

Congreso de la Nación (Shutterstock)
Congreso de la Nación (Shutterstock)

"La omnipotencia del Estado es la negación de la libertad individual¨, Juan Bautista Alberdi.

La humanidad, sorprendida en su soberbia, padece hoy el embate de un desconocido virus que amenaza la vida misma. Esta realidad nos impone revisiones, aprendizajes y sobre todo nos exige creatividad.

Definir cómo resistimos y de qué manera convivimos hoy y en el futuro es definitivamente un nuevo paradigma social. No es una cuestión de ideologías. No podemos aceptar ni el ¨vale todo¨, ni desterrar las bases institucionales que nos brindan la seguridad de convivir en una sociedad civilizada.

Alterado nuestro avatar cotidiano, no significa que nos sometamos a la arbitrariedad, ni aceptemos excesos e impunidad.

La libertad limitada siempre en el marco de la legalidad puede ser razonable y servir a un bien superior. Medidas de aislamiento la limitan, pero la falta de representatividad y la suma del poder público unipersonal la denigran.

No alcanza con la sumisa aprobación de los gobernadores, y no es necesario pedirle permiso al Poder Judicial para ejercer las funciones propias del Poder Legislativo. El poder político parece subestimar la fuerza y convicción de nuestros ciudadanos.

Con la Constitución, todo; fuera de ella… el abismo.

Desde 1853 en adelante nuestra Ley Fundamental establece el sistema republicano de gobierno, y los propios constituyentes de 1994 establecieron reglas precisas en su art. 99 inc. 3 tachando de nulidad absoluta e insanable la emisión de disposiciones de carácter legislativo por parte del Poder Ejecutivo. Y en los casos excepcionales en que se dicten los Decretos de Necesidad y Urgencia, se pautaron los requisitos para su revisión por la Comisión Bicameral del Congreso de la Nación. El Gobierno lleva dictados más de 20 DNU sin revisión alguna.

El equilibrio, la representatividad y el control de los Poderes del Estado es la salud de nuestro pueblo. Poderes que pueden complementarse pero en ningún caso anularse, y menos aún soslayarse.

Obediencia es la aceptación voluntaria de las reglas; sometimiento es callar, y en ese silencio autodestruirnos. ¿El Poder Legislativo y el Poder Judicial optaron por el silencio? El esclavo se somete, el hombre libre cuestiona.

Es excepcional, sí, es una verdadera emergencia que nos impone más respeto por las instituciones, más vigencia aún de la división de poderes y, sobre todo, más defensa y cuidado de nuestra libertad.

Dra. Patricia M. Vásquez. DNI 12.046.648