Rusia se despega de Irán y analiza cómo hacer negocios con el cierre del estrecho de Ormuz: “No es nuestra guerra”

Rusia decidió marcar distancia de Irán tras el cierre del estratégico Estrecho de Ormuz y la creciente escalada del conflicto en Medio Oriente, dejando en claro que “no es nuestra guerra” y que prioriza la protección de sus propios intereses económicos y estratégicos.

Rusia se despega de Irán y analiza cómo hacer negocios con el cierre del estrecho de Ormuz: “No es nuestra guerra”

Rusia decidió marcar distancia de Irán tras el cierre del estratégico Estrecho de Ormuz y la creciente escalada del conflicto en Medio Oriente, dejando en claro que “no es nuestra guerra” y que prioriza la protección de sus propios intereses económicos y estratégicos. El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, aseguró que Moscú no intervendrá directamente en el enfrentamiento y que solo los actores que iniciaron la guerra tienen la responsabilidad de detenerla. A pesar de esta postura, Rusia busca mantener la cooperación económica con Irán, respetando los acuerdos bilaterales existentes y el cronograma de proyectos conjuntos, en particular en el sector energético. El ministro de Energía ruso destacó que los compromisos comerciales continuarán vigentes, aun en medio del contexto bélico, como parte de una estrategia pragmática para proteger la economía rusa sin involucrarse directamente en el conflicto. Expertos internacionales interpretan la postura rusa como un intento de equilibrar su alianza histórica con Irán frente a la necesidad de evitar tensiones con Estados Unidos y otros actores globales, mientras enfrenta compromisos propios como el conflicto con Ucrania. La decisión de Moscú también refleja la preocupación por los efectos del cierre del Estrecho de Ormuz en los mercados energéticos, dado que interfiere en el comercio mundial de petróleo y eleva los precios, algo que Rusia monitorea cuidadosamente para proteger sus exportaciones y su posición estratégica en el sector energético. En este contexto, Rusia apuesta a mantener una relación pragmática con Teherán, combinando cooperación económica y distanciamiento militar, mientras el escenario regional continúa siendo altamente volátil y con riesgos de escalada internacional.